Mochilas cargadas de…

Que el sector de la edición de libros de texto tiene peso como lobby en nuestro sistema educativo no sería tampoco una aseveración que nos escandalice. Que se editen libros de texto para cada una de las materias de la ESO o el Bachillerato puede ser más difícil de llevar pero, en realidad, tampoco nos sorprende si entendemos las coordenadas del sistema en que nos movemos. Que sea imprescindible e, incluso, necesario ya es más que discutible.

Ahora bien, el absurdo es consumir un solo minuto a una discusión sobre si hay que transportar del aula a casa, de casa al aula a diario el arsenal de libros de texto de “cada día”. Que un chico o chica de 12 a 17 años no tenga –habitualmente– ni idea de si mañana debe tener o no tal o cual libro cerca, sea en clase o en casa, es, cuando menos, chocante. Tal es el grado de incertidumbre que el 100% de estudiantes afectados reacciona aceptando como normal que “lo mejor” es traer y llevar los libros arriba y abajo, a menudo acompañados de libretas igualmente una para cada asignatura o materia. Esa “sabiduría” impresa en papel puede pesar de 6 a 9 Kg. Una mochila de 8.5 Kg es perfectamente “habitual” para sobrevivir a 6 horas de clase de un día cualquiera, una de las cuales sea educación física (no tiene libro, de momento).

Peso excesivo mochilas escolares, El diario de la Educación, Enseñanza UGT Ceuta, Blog de Enseñanza UGT Ceuta
Fotografía: Pixabay

Ese peso equivale del 15 hasta 20% del peso corporal de quien lo transporta, dependiendo de la edad y desarrollo biológico claro (12 a 17 años). Desde luego, si sus padres le cargasen con idéntico peso de botellas de agua o de patatas y cebollas… más de un técnico del sistema de protección de menores les abriría un expediente informativo por si fuera procedente retirarles la custodia. Y tendría un hilo argumental, cuidado. A un chico o una chica en pleno crecimiento óseo y muscular no le podemos sobrecargar con un 10, 15 o 20% de su peso corporal para un trayecto que supere 1 o 2 Km (cierto, algunos van en vehículo privado y se les deja en la puerta o van en bici, hablamos de los que caminan o van en transporte público).

Seriamente, ¿cuántas contracturas musculares evitaríamos si en vez de llevar la mochila correctamente, bien, mal o regular actuásemos sobre la causa primera evitando el peso inútil? Alguna desviación de columna también evitaríamos. Salvar una sola hernia discal por “cien mil habitantes” que acaba en cirugía, sería un éxito.

A menudo leo y releo documentos que reformulan parcial e, incluso, totalmente “puntos filipinos” de nuestro sistema educativo en el marco académico y del debate. ¿Hay que prescindir de la inspección educativa como en Finlandia? ¿Más autonomía de centros? ¿Los directores de centros públicos deben poder contratar profesorado o no? ¿Hay que incorporar de forma mucho más activa a los ayuntamientos a la gestión de la escuela? Que si lo público, que si lo concertado, que si los padres… Nunca escucho ni leo nada que tenga que ver con lo que piensa el “usuario”, empezando por el peso de la mochila llena de libros, la hipertrofia del valor del aprendizaje memorístico, el sistema de evaluación (a veces baremos de puntuación que no resisten el análisis)…

A la hora de reformular, ¿no habrá que empezar por el principio? ¿Por lo más obvio y fácil?

Artículo de Salvador Nos Barberá en El diario de la Educación

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