La culpa es de los profesores

"Les falta formación”.

“Les falta motivación”.

“Les faltan ganas”.

Podríamos hablar de las reformas supuestamente educativas que se han ido sumando, sin orden ni concierto, en los últimos años. De la inversión insuficiente -y peor aún, decreciente- en educación. De aulas masificadas y del aumento de horas lectivas. De la reducción salarial y del deterioro de las condiciones laborales de los docentes.

¿Y para qué? La culpa es de los profesores.

Podríamos hablar de los kilómetros que hace cada día la mayoría de los docentes de la escuela pública. De los que tienen que mudarse y hacer malabares con su sueldo para trabajar en su primer destino. De la inestabilidad de las plantillas en la mayoría de los claustros, donde resulta casi imposible hacer equipo. De la situación precaria de tantos interinos. De materias afines que no guardan afinidad alguna. De bajas sin cubrir. De profesores que comparten centros. De cómo la mayoría de las actividades en colegios e institutos funcionan, sin recompensa alguna, gracias al voluntarismo de unos cuantos.

Eso no importa. La culpa es de los profesores.

Podríamos hablar de la segregación en nuestras aulas. De cómo se han aplicado el bilingüismo o la excelencia. De que cada día hay más “grupos buenos” y “grupos malos” que solo sirven para acomplejar a sus alumnos. De los centros que se están convirtiendo en guetos. De aulas con más de veinte repetidores. De la escasa -insuficiente y rídicula- inversión en FP. De la desaparición de los refuerzos. De las pruebas externas. De currículos desfasados. De PISA. De lo poco valorados que se sienten muchos docentes. De la disciplina en el aula.

No digas tonterías. La culpa es de los profesores.


Podríamos hablar, sentarnos a hablar de una maldita vez, sobre cómo es la vida real en las aulas. Y abordar el problema juntos: docentes, hartos de no ser escuchados; familias, cansadas de sentirse invisibles; alumnos, a quienes se niega el protagonismo de su propia educación. Pero resulta mucho más cómodo buscar un enemigo único -a ser posible, siempre el mismo- y lanzar contra él los cuchillos habituales -por suerte, ya ni siquiera eso nos sorprende-: los docentes que no están preparados, que -por muchos cursos que hagan o métodos que prueben- no se reciclan, que no van a clase motivados (porque, como es obvio, en los demás trabajos todo el mundo acude feliz, sin un mal día y por amor al arte). Y los hay, por supuesto que hay profesores que no se implican y de quienes no me siento orgulloso, llevo años denunciándolo, pero junto a ellos están los que sí. Una gran mayoría de profesores -y lo escribe alguien que visita unos ciento cincuenta institutos diferentes cada año- que pelea día día. Clase a clase. Los que tienen la culpa de que hoy seamos quienes somos. Los que nos han traído, aunque apenas se lo reconozcamos, hasta aquí. Como mucho, en un gesto lánguido e intrascendente, compartiremos un fotograma de alguna película que transcurra en las aulas, ya sea el Ryan Gosling de Half Nelson o el Robin Williams de El club de los poetas muertos o, en un prodigio de agradecimiento, retuitearemos la carta de Camus a su maestro y creeremos que, con eso, habremos cumplido. Pero la educación no se resuelve en un meme. Ni siquiera cuando lleva impreso un texto de Camus.

Podríamos buscar -es más, deberíamos hacerlo- el camino para un verdadero pacto educativo. Pero es imposible lograr pacto alguno sin descender a la realidad a pie de aula. Y total, para qué hacer semejante esfuerzo cuando su diagnóstico es tan obvio:

La culpa es de los profesores.

"La culpa es de los profesores". Artículo de Nando López en Culturamas, revista de información cultural en Internet. Nando López es novelista, dramaturgo y Doctor Cum Laude en Filología Hispánica. Como docente ha ejercido tanto en Secundaria y Bachillerato como en el ámbito universitario, donde es profesor en el Máster de Escritura Dramática de la Universidad de Alcalá de Henares.

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