Contra la barbarie, educación

Cuando ayer por la tarde las redes sociales comenzaron a arder, la rabia y la indignación compartían espacio con el deseo de información, de que no hubiera muchas personas sufriendo, de que si alguien sufría pudiera compartir su sufrimiento en su idioma (qué angustia dan las barreras idiomáticas en estos casos) o, al menos, tener una mano cogida que hablara el lenguaje universal del corazón.

Mi hija, como muchos niños y niñas, veía las imágenes de la tele asustada y sin comprender del todo los comentarios y análisis que se hacían. Y pensé que en numerosos hogares se estaba viviendo la misma situación y que, si estuviéramos en periodo escolar, mañana no se hablaría de otra cosa en colegios e institutos.

Espero que después de estos hechos los y las docentes nos atrevamos, por fin, a cumplir con nuestra obligación y sembrar, sembrar los dátiles que comerán las futuras generaciones.


Es nuestra obligación admitir que la escuela no deber ser como la vida, porque la escuela ES la vida, y en la vida se pasa miedo, se expresan opiniones, se discute... Educar para una ciudadanía democrática, justa, responsable, solidaria e inclusiva ya no puede ser una opción, porque es una necesidad.

Es necesario que el profesorado, de una vez por todas, eduque en valores y aborde  la convivencia positiva, la identidad, la diversidad... llamando a las cosas por su nombre, creando el clima de debate adecuado para que los estudiantes pregunten y expongan su opinión y sus inquietudes sin miedo.

Pero, ¿cuál es el problema? Que los resultados no los veremos de inmediato, no se medirán en una prueba externa, no contribuirán a promover la tan cacareada cultura del esfuerzo y la competitividad, sino que germinarán, como los dátiles que hoy comemos, dentro de muchos años.

¿Queremos, de verdad, transformar la sociedad y demostrar que otro mundo es posible?

Ha llegado la hora de que nos despojemos de prejuicios y acompañemos a quienes se están formando en nuestras aulas para que no gane el mayor enemigo de la educación: la barbarie, que tiene en el terror su mejor aliado.

Ahora, más que nunca: EDUCACIÓN. 

Artículo de Verónica Rivera Reyes en su blog: Contra la barbarie, educación

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