Reflexiones y conclusiones acerca de PISA 2015

Cuatro interesantes reflexiones y conclusiones acerca de PISA 2015 recogemos en la siguiente entrada de nuestro blog, ofreciendo una visión muy completa sobre el tema...

España llega a la nota media en PISA tras la caída generalizada en el resto de países 

España ha conseguido llegar a media de la OCDE en PISA 2015, un acercamiento que ha facilitado en buena parte la caída de esa puntuación media de referencia en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Los estudiantes españoles, además, han mejorado en las dos primeras competencias, según las primeras conclusiones del Ministerio de Educación sobre los datos que ha dado a conocer la organismo internacional este martes.

En la Evaluación Internacional de Estudiantes de la OCDE ( PISA 2015) han participado por primera vez estudiantes de todas las comunidades autónomas –excepto las ciudades de Ceuta y Melilla–, concretamente 37.205 procedentes de 980 centros educativos. El estudio se ha hecho en esta ocasión sobre una muestra total de más de 535.000 chicos y chicas de 15 años –independientemente de su curso escolar– de 72 países diferentes.

La nota de los alumnos y alumnas españoles se iguala a la media de la OCDE en Ciencias –la competencia medida con mayor detenimiento en esta edición– con 493 puntos, la superan en Lectura con 496 frente a 493 y se quedan ligeramente rezagados en Matemáticas con 486 puntos, cuatro menos que la media de 490. En PISA 2012, la distancia entre los resultados españoles con la nota media era de entre cinco y diez puntos, una diferencia que desaparece por la caída de esa media en 2015: siete puntos menos en Ciencias, cuatro por debajo en Matemáticas y tres puntos inferior en Lectura.

Este acercamiento de resultados también lo explica, además, una mejoría de casi diez puntos en Lectura entre 2012 y 2015: de 488 a 496 puntos. Dos puntos escalan los estudiantes en Matemáticas, pero hacen el camino inverso en Ciencias, con tres por debajo. Estas últimas variaciones son en términos estadísticos pocos significativas al tomarse las medidas sobre una puntuación total de 500.

Con estas cifras, España ocupa el puesto 21 en competencia lectora (al nivel de Estados Unidos o Reino Unido), el 25 en destrezas matemáticas (como Islandia o Italia) y el 24 en habilidades científicas (a la altura de Suecia y Francia). En el top de la lista de Lectura están Canáda (527) y Finlandia (526); Japón (532) y Corea del Sur (524) en Matemáticas; y de nuevo Japón (538), Estonia (534) y Finlandia (531) en Ciencias.

"Un verdadero éxito en situación de crisis"
El Ministerio de Educación se ha felicitado por los datos porque, interpretan, "por vez primera se rompe la brecha educativa y España se sitúa al nivel de los países más avanzados del mundo", ha dicho el ministro Íñigo Méndez de Vigo en la presentación de los resultados, donde ha puesto en valor el trabajo de los docentes.

El Director General de Evaluación ha incidido también en el "verdadero éxito" que supone que "en una situación de crisis, España haya conseguido aumentar en dos competencias evaluadas".

Méndez de Vigo ha aprovechado la ocasión para justificar, en relación al futuro pacto educativo, que "no hay que empezar de cero ni hacer tablas rasas". "El sistema educativo español es un buen sistema educativo que evidentemente podemos mejorar", ha añadido. El secretario de Estado Marcial Marín asocia la mejora al "liderazgo pedagógico", al aumento de la "autonomía de los centros" y a las medidas de "atención a la diversidad" de las comunidades autónomas.

PISA no mide per se lo que se aprende en la escuela, como explica la propia OCDE: "No está diseñado para evaluar el aprendizaje de los contenidos específicos fijados en los programas de las escuelas (...). Tampoco está pensado para evaluar el desempeño de los docentes ni los programas vigentes". Pese a ello, normalmente el examen se presenta como una vara objetiva para evaluarlo, y ese mismo discurso es el que utilizan muchos gobiernos. El PP, por ejemplo, basó una parte de la reforma de la LOMCE en los resultados de PISA 2009, números que José Ignacio Wert mandó revisar a su llegada al Ministerio en 2011.

Lo que en realidad mide la OCDE en este informe trianual es la literacia, un conjunto de conocimientos entre los curriculares son solo una parte: está también la educación familiar, el aprendizaje no formal... En definitiva, los conocimientos y destrezas –fruto de diversísimas circunstancias familias, sociales, culturales y escolares– que ha adquirido un estudiante a los 15 años de edad.


La brecha entre comunidades se mantiene
Entre esas mejoras, los datos de PISA revelan que la desigualdad entre comunidades permanece tan acentuada o más que hace tres años. En Matemáticas ha aumentado a 66 puntos frente a los 55 de PISA 2012. En Lengua se queda 47, un punto más que en Ciencias. Castilla y León, Madrid y Navarra son las comunidades con mejores resultados en las tres áreas, a las que se suma Aragón en Ciencias, Galicia en Lectura y Ciencias y La Rioja en Matemáticas. Estas desigualdades se explican en un 50% por las diferencias sociales, económicas y culturales. En PISA 2012, Educación situaba esa cifra en el 85%.

Otra fuente de desigualdad son todas las circunstancias que se aúnan en el Índice Social, Económico y Cultural (ISEC) y responden casi en un 40% a las distancias en la puntuación. Son la ocupación profesional y el nivel educativo de las familias –el factor que más influye, con hasta 60 puntos de diferencia– y los recursos disponibles en el hogar (número de libros o dispositivos digitales).

España, cerca de "contextos desfavorecidos"
El valor de este índice en España es mucho más bajo (-0,59) que la media de la OCDE (-0,04) y que los países cercanos, lo que sitúa a nuestro país dentro de un subconjunto con Rumanía o Chile casi a la cola de la tabla. Nuestro país, por ejemplo, triplica el porcentaje de estudiantes cuyos padres tienen nivel educativo bajo y medio bajo respecto a la media de la UE (25% frente al 8%). Al final de la serie, solo dos puestos por debajo de España, están México y Turquía (definidos como contextos desfavorecidos) y, a la cabeza, Islandia (0,73) y Dinamarca (0,59).

Pese a esta situación, los estudiantes españoles obtienen unas puntuaciones medias algo más altas que las esperadas para su nivel de ISEC. Aunque despojando los resultados de este valor, los alumnos y alumnas aumentarían bastante su puntuación en Ciencias: hasta en 14 puntos.

El Ministerio de Educación no se ha detenido en detalles sobre este índice. Sí ha incidido, en su única referencia a la equidad, en que España ha conseguido reducir el porcentaje de estudiantes "rezagados" y ya está por debajo de la media de la OCDE. En Matemáticas bajan dos puntos, del 24% al 22% –la media estaba y se mantiene en 23%–, en Lectura está en el 16% –frente al 20%– y en Ciencia en el 18% –21% en la OCDE–.

Aunque hay menos estudiantes en el nivel 2 de la tabla o inferior–de seis en total–, el porcentaje de chicos y chicas de 15 años en España que están en el otro extremo de la vara de medir —niveles 5 y 6– es muy pequeño: solo el 6% de los chicos y el 4% de las chicas en Ciencias, frente al 8% y al 6%, respectivamente, de la OCDE. "Esto implica la dificultad de nuestro país para impulsar a que nuestros alumnos ofrezcan lo mejor que pueden dar de sí mismos en unas pruebas externas", justifica el informe que ha redactado el Ministerio de Educación con los resultados.

La brecha de género en el rendimiento en según qué areas tampoco ha logrado reducirse. Las chicas continúan siendo mejores en Lectura (505 puntos frente a 484) y los chicos en Matemáticas (una distancia de 16) y Ciencias. La falla que se abre con la población migrante es más ancha que en la OCDE y la UE con 44 puntos de diferencia. También hay algunas desigualdades entre los centros públicos, privados y concertados. En general, los segundos obtienen mejores puntuaciones en España, con una diferencia de unos 30 puntos en la línea de la OCDE y la UE.

Uno de cada tres son repetidores
Aunque Educación ha impregnado la presentación de datos de optimismo, ha llamado la atención sobre lo que a su juicio –y el de PISA– es un problema considerable: la tasa de repetidores. Uno de cada tres alumnos y alumnas de 15 años está repitiendo curso (un 31%), unas cifras "realmente alarmantes por lo que suponen de coste social y económico para el país". Son 20 puntos más que la media europea.

El documento elaborado por Educación incide, no obstante, en el 58% de estos chicos y chicas está dentro del nivel 2 o en adelante, de manera que "en ciencias tienen adquiridas al menos las competencias básicas". Esto, concluye, "invita a recomendar la revisión de las políticas de repetición".

La atención en esta edición se ha puesto en Ciencias, área que ha sido objeto de un mayor número de mediciones, como lo fuera Matemáticas en 2012. El 29% de los alumnos dice que espera trabajar en algo relacionado con ciencias, un porcentaje cinco puntos más alto que la media. Los alumnos y alumnas españoles, además, tienen bastante interés por temas científicos –puesto 11 de la tabla– y el ámbito científico les despierta motivación tanto en la escuela (intrínseca) como fuera de ella (extrínseca), especialmente esta última, por encima de la media de la OCDE.


España no logra reducir en tres años las desigualdades que muestra PISA 

Como tres años en educación no son nada, los resultados del informe PISA no dejan grandes novedades respecto a la edición de 2012 (se nombran por el año en que se realizan los test, no en función de cuándo se publica).  En el panorama general, España mejora muy levemente sus resultados —aunque estadísticamente es irrelevante— y fruto de la caída generalizada logra alcanzar la media de la OCDE.

Quizá una de las grandes novedades del informe está en lo que no cuenta porque no puede hacerlo. Tres años después, las diferencias internas que mostraba España siguen presentes. Diferencias de hasta un curso académico entre comunidades autónomas, diferencias de rendimiento entre familias según su nivel socioeconómico o diferencias entre el alumnado por género.

Antes de entrar a destacar algunos de los puntos más importantes del informe, intentando obviar los resultados en frío, un recordatorio. PISA —lo advierten la propia OCDE en sus informes— no evalúa específicamente los conocimientos que se adquieren en la escuela, según explica Julio Carabaña, sino algo que llaman literacia (traducción literal de literacy), un compendio de conocimientos que incluyen la educación no formal o incluso la experiencia vital de los alumnos.

Con estos mimbres en realidad la OCDE no explica qué funciona y por qué, sino qué parece funcionar según dónde y ya. Correlación, no causalidad. Entre sus fortalezas sí que está ofrecer una infinidad de datos abiertos para que los investigadores jueguen con ellos y saquen sus propias conclusiones, como explica Elena Martín en esta tribuna. No es todo desdeñable pero, sugieren los expertos, la riqueza de PISA no está precisamente en sus resultados.

Leve mejoría
Dicho lo cual, tampoco hay que obviarlos. España ha mejorado respecto al último PISA, aunque en global se mantiene bastante estable desde hace 16 años. Respecto a la última edición, de hace tres años, han subido muy ligeramente las notas en Matemáticas (de 488 puntos a 496) y Lectura (de 484 a 486) y bajado también poco en ciencias (de 496 a 493). Estas mínimas variaciones, insignificantes estadísticamente, sí han conllevado que España logre alcanzar o superar la media de la OCDE en dos de las tres categorías (en Ciencias no), algo que no había ocurrido en las seis ediciones de PISA. Para el Ministerio de Educación esto supone "un verdadero éxito".

Sin embargo, si se analizan los números se detecta que la mejoría en el ranking de España se debe más a la caída del resto que a la mejoría propia. El sistema de clasificación que utiliza PISA provoca que la posición de cada país dependa también de lo que hacen los demás. De ahí la subida, aunque España sigue estando en los puestos 30, 25 y 32 de un total de 72 países. Y, otro recordatorio, esto no es una clasificación deportiva donde sólo cuenta el orden: importa más la nota que la posición.

En cualquier caso, los expertos alertan de que estas variaciones en la clasificación hay que tomarlas cno cautela. Diferencias de seis puntos en una escala de 500 no suelen ser significativas.

Un curso de diferencia entre comunidades
Quizá el punto que más llama la atención —año tras año— de los informes PISA. La prueba evalúa no solo a España como conjunto sino que segrega datos de cada comunidad autónoma. Y, por los resultados, parecería que entre Castilla y León –la mejor– y Andalucía –la peor– no hay unos cientos de kilómetros sino un par de continentes.

Los alumnos andaluces rinden, grosso modo, como si estuvieran un curso por debajo de sus pares castellanos (diferecias de 40 puntos en PISA). Con la misma edad y estando en el mismo curso. Entre unos y otros —que abren y cierran la tabla— se sitúan el resto de las regiones pero siempre con un elemento común: norte bien, al nivel de los países punteros en algunos casos, sur no tan bien.

Estas diferecias son recurrentes en PISA. La novedad de esta edición es que, mientras en 2012 se explicaban casi íntegramente por el nivel socio-económico del alumno (hasta un 85%) este año ese factor ha perdido peso (50%). ¿Cómo se explican estas diferencias entonces? La OCDE no responde porque no lo sabe; solo ofrece correlación, no causalidad.


Uno de cada tres repite
El dato que más preocupa al Gobierno, según expresó el ministro Íñigo Méndez de Vigo. Uno de cada tres alumnos de 15 años ha repetido algún curso, dice PISA. El 31% del total, apenas cuatro puntos menos que hace tres años. La media OCDE está en el 11%.

De sobra son conocidos los efectos que tiene la repetición, y casi ninguno es positivo. Es cara para el sistema e ineficaz porque los alumnos no mejoran y acaban abandonando antes la educación. Efecto Pigmalión.

Un intradato preocupante en esta categoría es que, a igualdad de rendimiento en PISA, los alumnos de familias desfavorecidas tienen cinco veces más posibilidades de repetir un curso, la más alta de todo el informe. Aquí la OCDE sí tiende a mostrarse abiertamente contra la repetición, aunque no acaba de proponer una alternativa.

Género y nivel socioeconómico
Dos de los elementos que muestran la desigualdad entre españoles y que no se ha corregido en los últimos tres años: dime en qué familia has nacido y te diré tu rendimiento en PISA.

En cuanto al género, la diferencia entre chicos y chicas, sin ser enorme sí era significativa, según la OCDE. Ellos son mejores en Ciencias (seis puntos) y Matemáticas (16 puntos) y ellas en Lectura (20 puntos). De nuevo, PISA solo ofrece la información, no los por qués.

Si el sexo condiciona (a priori), más impacto tiene el nivel socioeconómico de las familias de los alumnos en el rendimiento de estos. Dice la OCDE que "el nivel de estudios de los padres es el factor asociado que más se correlaciona con los resultados de los alumnos en PISA". Y España no destaca precisamente en este apartado. Dentro de la UE, nuestro país triplica el porcentaje de alumnos cuyas familias tienen un nivel educativo bajo y medio bajo (25% frente al 8%), mientras que por arriba se mueve en unos parámetros muy similares (55%). Falta, por tanto, clase media.

Colegios públicos frente a privados
Otro de los datos recurrentes en cada examen de PISA muestra las diferencias de resultados entre los colegios según su titularidad: los centros privados obtienen mejores calificaciones que la escuela pública. Pero eso es en frío, sin matices.

Los detalles los explica Héctor Cebolla en este artículo: las diferencias no son tales cuando se aplica el factor de corrección socioeconómico. Dicho de otra manera, no es que los colegios privados sean mejores, sino que sus alumnos, al tener un origen más favorecido, rinden mejor. En concreto, casi dos tercios de la diferencia de rendimiento entre unos centros y otros se explican a partir de esta variable.

Artículo de Daniel Sánchez Caballero y Sofía Pérez Mendoza en eldiario.es: "España no logra reducir en tres años las desigualdades que muestra PISA"

PISA, ni el mal ni la palabra de dios

Los informes PISA no son la palabra de dios ni el mal hecho texto. Tras 16 años de puesta en marcha del programa de evaluación y seis radiografías del nivel de competencia de estudiantes de 15 años en Lectura, Matemáticas y Ciencias, parece ir consolidándose una actitud más ponderada de sus beneficios y riesgos.

Entre los últimos hay que destacar el reduccionismo de los aprendizajes evaluados, las limitaciones metodológicas de los análisis y el insano fondo competitivo que subyace a toda su lógica. Sin embargo, el mayor peligro está en la infundada trascendencia que algunos medios de comunicación, administraciones y colectivos educativos le otorgan. Quizás si fuéramos capaces de aproximarnos a sus resultados con una lectura crítica, pero no maniquea, podríamos también nosotros aprender algo útil.

PISA ha contribuido a señalar que si un nuevo conocimiento no nos ayuda a comprender mejor el mundo y con ello a actuar de forma más coherente con nuestras propias metas, ese saber no nos ha hecho más competentes. Sería ingenuo creer que las escuelas han cambiado radicalmente su práctica hacia un enfoque de aprendizaje de competencias, pero no sería menos desacertado negar que va calando la idea de que los contenidos son necesarios para desarrollar esas capacidades básicas, pero no son la meta en sí mismos.

Los informes PISA han marcado una forma de expresar lo que un estudiante ha o no ha aprendido que puede ayudar a mejorar la enseñanza. Los titulares destacan las puntuaciones, pero quien quiere leer en profundidad los resultados puede encontrar cuántos adolescentes españoles son capaces de inferir una idea que no está el texto o por el contrario solo entienden lo que se dice de forma explícita.

El enfoque de la comprensión lectora de PISA, como el de las otras dos áreas de conocimiento evaluadas, ha impulsado avances en la didáctica. El mejor indicador de esta influencia son las evaluaciones diagnósticas que realizaba el Ministerio de Educación antes de la llegada del PP, y que siguen impulsando la mayoría de las comunidades autónomas.

Están todas ellas inspiradas en los programas que la OCDE y con anterioridad la IEA (International Assiociation for the Evaluation of Educational Achievement) llevaron a cabo. Evaluaciones que no buscan acreditar a los estudiantes, que han promovido una línea de formación del profesorado y de asesoramiento a los centros valiosa, allí donde las administraciones educativas han sabido enfocar la evaluación para ayudar a las escuelas. Los trabajos del Instituto de Evaluación del País Vasco son uno de los ejemplos de esta positiva cultura de la evaluación.

Viñeta de Manel Fontdevila en eldiario.es

Por otra parte, PISA ha hecho patente que la función de la escuela no es sólo conseguir que un porcentaje del alumnado llegue a los niveles más altos de aprendizaje sino que todos los alumnos y todas las alumnas aprendan lo más posible. No me parece trivial analizar la calidad de la enseñanza en términos tanto de excelencia como de equidad, cuando en nuestro propio país se sigue planteando la falsa disyuntiva entre calidad y equidad.

Los informes PISA muestran que hay sistemas educativos en los que hacerse más competente no depende tanto como en otros del nivel sociocultural de la familia o del centro escolar en el que se estudia. Haber puesto la pieza de la equidad en el tablero no es a mi juicio una aportación menor, aun sabiendo que la forma de medir esa equidad es todavía muy insatisfactoria.

¿Es equitativo el sistema educativo español cuando siguen confirmándose las diferencias entre comunidades autónomas? No se trata de seguir señalando este problema sin tomar medidas. Revertir esta situación es muy difícil, ya que remite a causas que trascienden a la escuela, pero no es imposible y hay mucho conocimiento acumulado que permite orientar las vías de avance.

¿Preferimos quedarnos en la efímera emoción del día siguiente a la publicación de los resultados o utilizarlos para contrastar las políticas educativas? ¿Quién puede pensar que los resultados de PISA definen el rumbo de las administraciones? Ni podría suceder, ni sucede afortunadamente.

Pero en Finlandia se comenzó a valorar el nivel de Matemáticas de quienes querían estudiar para ser profesores cuando los primeros resultados de PISA de este país no se consideraron adecuados. Alemania, por su parte, modificó algunos aspectos de la educación secundaria obligatoria, entre otras razones, al señalar la OCDE que separar a los once o doce años a los alumnos en itinerarios académicos o profesionales no garantizaba una educación de calidad.

En nuestro caso, se ha criticado de forma casi unánime la LOMCE por adoptar una perspectiva segregadora basada en las revalidas y la repetición, estrategias que los resultados de PISA no avalan. Las administraciones son las responsables de hacer un buen uso de la información a la que tienen acceso, de ellas depende que PISA sea una ayuda, pase sin pena ni gloria o les lleve por caminos sin salida.

Artículo de Elena Martín Ortega, Catedrática de Psicología Evolutiva de la UAM, en eldiario.es: "PISA, ni el mal ni la palabra de dios"

¿Por qué los recortes en educación no pasan factura en PISA?

Como las ediciones anteriores, PISA 2015 encuentra pocos cambios en las puntuaciones de los países, particularmente en los que pertenecen a la OECD. Algunos mejoran, otros empeoran, la mayor parte queda igual y la puntuación del conjunto de la OECD queda alrededor de 500 puntos (atribuyamos a circunstancias los 491 puntos de Matemáticas y los 493 de Ciencias).

España está, como de costumbre, entre los que varían poco; en Lectura está un punto por encima del año 2000, en Matemáticas también un punto por encima del año 2003 y en Ciencias cuatro puntos sobre 2006. En relación a 2009 son algo mejores las puntuaciones en Lectura y Ciencias; en relación a 2012 es mejor la de Lectura y peor la de Ciencias. Las diferencias son siempre pequeñas, oscilantes y debidas al azar en todo o en parte.

¿No deberían haber disminuido más las puntuaciones a consecuencia de los recortes del gasto público en Educación? Según PISA, sí. PISA ya no dice que la inversión en las escuelas mejore sin más sus resultados, pero todavía los relaciona con los sueldos de los profesores y con distribuir los recursos favoreciendo a las escuelas más difíciles. En España, los sueldos de los profesores no han subido y los recortes se han cebado con los programas para alumnos desfavorecidos. Por consiguiente, los resultados deberían haber empeorado.

También según PISA deberían haber caído las puntuaciones a consecuencia de la crisis en sí misma. PISA advierte en todos sus informes de que la literacia que sus pruebas miden depende de la calidad del cuidado y la estimulación dados a los niños durante la infancia y los años preescolares, así como de las oportunidades de aprender en casa y fuera de la escuela. 

Viñeta de Manel Fontdevila en eldiario.es

Caben pocas dudas de que al menos los factores materiales han ido a peor durante la crisis en muchos países. Según el Innocenti Report de 2013, se detectan "incrementos sin precedentes" en privaciones materiales graves en España, Italia, Grecia y Reino Unido; en la más grave de todas, la alimentaria, el porcentaje de hogares con hijos que no pueden permitirse comer carne, pescado (o un equivalente en hortalizas) cada dos días se duplicó con creces en Estonia, Grecia, Islandia e Italia, y aumentó también en España. 

El efecto negativo de las carencias alimentarias en el desarrollo intelectual está bien estudiado por la Psicología; influyentes economistas, como el Nobel James Heckman, y sociólogos, como Gösta Esping-Andersen, han insistido en que la pobreza en la infancia pueden afectar el desarrollo cognitivo. Como ha escrito Marí-Klose, "vivir en un hogar con bajos niveles de renta, en una vivienda en malas condiciones, o estar expuesto a una alimentación inadecuada durante la infancia influye negativamente en la salud, las aptitudes cognitivas, los resultados educativos o los comportamientos asociales".

Sin embargo, ni el deterioro de las escuelas ni el de las condiciones de vida en general han dejado huella en los resultados de los alumnos en PISA 2015. Podría objetarse que PISA mide los resultados a los 15 años, y que los alumnos nacidos en el año 2000 habían superado los momentos más críticos de la infancia temprana cuando llegaron la crisis y los recortes.

Pero hace tan solo unos días se publicaron los resultados de TIMSS 2015, un estudio internacional que lleva a cabo una organización privada (la IEA, menos poderosa que la OECD) que incluyó en 2011 y 2015 alumnos españoles de cuarto de primaria. La edad aproximada de estos alumnos es 10 años, de modo que han pasado la mayor parte de su vida y toda su escolarización en tiempos de crisis. Pues bien, tampoco en los resultados de TIMSS se encuentra rastro de los recortes o de la crisis. Los alumnos españoles han conseguido mejores puntuaciones que en 2011; sobre una media de 500, 23 puntos más en Matemáticas y 13 puntos en Ciencias.

¿Sorprendente? No tanto si tenemos en cuenta que las puntuaciones aumentaron poco (TIMSS) o nada (PISA) mientras la economía crecía y el gasto público aumentaba.

Los autores de los informes PISA ya venían encontrando curioso que incrementos de gasto por alumno del 40% y otras reformas inspiradas por la OECD no se hubieran traducido en mejoras de los resultados. A lo que habría que añadir los avances en las nuevas tecnologías de la información.

No hay por qué dudar de que la literacia que miden las pruebas PISA dependen de toda la experiencia vital de los individuos. Pero si no se ve afectada por los cambios que se han producido en esas experiencias durante el último ciclo económico, cabe preguntarse a qué tipo de factores responde, y de cuánta intensidad. Lo cual a su vez suscita la cuestión de si los gobiernos están en situación de controlarlos. Pero esa es otra historia.

Artículo de Julio Carabaña, Catedrático de Sociología en la UCM, en eldiario.es: "¿Por qué los recortes en educación no pasan factura en PISA? "

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