La violencia no es escolar

Que una grapadora vuele por el pasillo de un instituto es un hecho tan escalofriante como aleatorio. Esta vez les ha tocado a los compañeros del IES ‘Almina’, mañana cualquier otra manifestación violenta puede ocurrir en cualquier otro centro.

Los falsos expertos, los que debaten sobre educación sin haber cogido nunca la tiza, esos tienen siempre la irritante habilidad  de acotar situaciones y parchear problemas sin detenerse a meditar en profundidad sobre lo que subyace ni hablar con valentía de un problema mayor.

El entorno educativo no es más que el espejo público de la sociedad de nuestra ciudad. ¿Debemos seguir hablando de la violencia en las aulas? ¿Por qué no hablar del aumento de los actos delictivos en nuestra ciudad? ¿Hablamos de las conductas agresivas que suceden en el ámbito familiar? ¿Podemos hablar de la violencia de algunos padres en el trato con los docentes? La familia como primer escenario donde deben adquirirse comportamientos normativos y reglas de convivencia es, en ocasiones, el origen de conductas agresivas a veces por la ausencia de modelos de autoridad o por excesiva permisividad o incluso por dejadez y abandono. Pueden seguir llamándola violencia escolar, como si delimitarla en el espacio pudiera menguar el problema. Para nosotros los docentes es sencillamente violencia. Si los falsos expertos quieren ponerle apellido a la violencia se engañan a sÍ mismos, pero no a los que hacemos la escuela.

Escolar y violencia, aula y violencia son términos tan antagónicos por separados como peligrosos juntos. ¿Por qué siento un pinchazo en el estómago cuando se  intenta meter esas dos palabras en el mismo saco? Puede que sea por la indignación compartida por todos los docentes de Ceuta, puede que sea por la impotencia sentida por un sistema educativo que se derrumba delante de nosotros sin que a nadie parezca importarle, puede que sea por la impasibilidad  de los políticos de esta ciudad, que siguen mirando a otro lado sin querer comprender las tremendas consecuencias que el fracaso escolar de hoy tendrá en esta ciudad mañana. Señores políticos: sigan poniendo apellidos a la violencia, sigan queriéndola encerrar en la aulas para que la frenemos los docentes, sigan jugando a que en la escuela todo cabe, pero tengan cuidado porque el vaso siempre rebosa. Se llama violencia y está en nuestras calles.
Escrito de la profesora Tula Fernández Maqueira, publicado en El Faro de Ceuta

Me resulta asombroso asomarme a la prensa local de mi ciudad y encontrarme con un artículo amplio y muy centrado en cuanto a maquetación  que relata un suceso de alteración grave de las normas de convivencia en el IES Siete Colinas. Mi asombro me lleva a leer con atención el artículo comprobando la noticia que de él se deriva. Que en los centros ocurran, desafortunadamente, incidentes como estos cada día, es algo de lo que difícilmente nadie pueda darnos lecciones a los docentes. Sabemos de sobra la sensación de tristeza e impotencia que estos hechos ocasionan en toda la comunidad educativa, y muy especialmente en los profesores.

El  acoso escolar es una realidad  existente en nuestros centros pero no consigo leer  ni una sola línea de crítica a la masificación de los centros o a la elevadísima ratio en las aulas que provoca que la convivencia sea una labor de titanes de todos los que contribuimos a su cumplimiento. Lo que sí transmiten estas publicaciones es una alarma injustificada y discúlpenme si me atrevo a decirles que parece poner en tela de juicio de forma imperdonable y  gratuita la labor del colectivo de profesores y profesoras del Siete Colinas, y con ellos la de todos.  No sé si el fin de esta noticia haya podido ser la crítica, no quiero pensarlo, pero sin duda una exposición así  favorece que se ponga en entredicho la labor de un centro que, como todos los demás, lleva años trabajando en la defensa de  la educación pública de esta ciudad. La actuación de la familia debe ser la denuncia si así se constata de los hechos y la de los centros actuar con diligencia pero no creo que la prensa sea un agente positivo en la mejora de este problema.

Tal vez no sea este el momento ni el medio para relatar las dificultades con las que el colectivo docente se enfrenta cada día. Trabajar en centros que rondan el millar de alumnos es una dificultad añadida a todos los problemas, los académicos, los sociales y los de convivencia.  Esas son nuestras condiciones de trabajo, les lanzo el reto a que escriban al respecto. Mañana un incidente como el ampliamente  publicitado en sus periódicos puede darse en cualquier otro centro y, créanme,  los docentes habremos hecho lo imposible por evitarlo. Ojalá llegara el día en que un incidente de convivencia escolar llegue a acaparar los titulares de la prensa local por extraño e inusual, eso querría decir que habríamos acabado con la conflictividad en los centros escolares. Mucho me temo que aún estamos lejos de eso pero, por ahora, respetemos el trabajo de los docentes, por favor.  Asumimos el problema, la culpa no.
Escrito de la profesora Tula Fernández Maqueira en El Pueblo de Ceuta

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