Palabras, racismo y educación

Lo que nos hace humanos es el trato humano que ofrecemos
al que llega de lejos. Digámoslo a los niños, antes de que sea demasiado tarde.
Fernando Savater


Pocas personas se consideran y declaran abiertamente racistas y, sin embargo, el racismo está muy extendido en nuestra sociedad. La actual situación de crisis económica, sus efectos en el incremento de la desigualdad social y de la exclusión y el aumento del miedo y del sentimiento de amenaza que experimenta la población determinan la necesidad de incrementar los esfuerzos para luchar contra la discriminación y el racismo en todas sus manifestaciones.

Para explicar qué considero racismo tomo la definición del Grupo Inter, que define el término como: comportamiento social y las ideas e instituciones sociopolíticas que lo apoyan, que consiste en clasificar a las personas o grupos sobre la base de diferencias reales o imaginarias y que se asocian –a su vez- a comportamientos (reales o imaginarios). Su objetivo es justificar una jerarquía entre los grupos que nos permite aceptar privilegios de unas personas sobre otras. Este mecanismo tiene el poder de hacer recaer la culpa de la desventaja en la víctima . El nuevo racismo quiere ser democrático y respetable, y, por lo tanto, en primer lugar niega que sea racismo y, en segundo lugar, genera un discurso de justificación de la discriminación y la desigualdad (legal y social), que sitúa e identifica a las minorías o grupos no como biológicamente inferiores, tal y como pasó en el nazismo, sino como  culturalmente diferentes e inferiores.

Justificar el rechazo y la desigualdad conlleva como siempre la categorización y diferenciación y la utilización de técnicas narrativas o discurso como es el caso de:  (1) Utilización de los principios de la igualdad, la libertad, los derechos  individuales, para plantear los términos en los que se ha de producir la relación intergrupal. (2) Utilización reiterada del término raza, para diferenciar a los seres humanos, aunque científicamente no exista tal diferenciación o diferencia cultural insalvable y el peligro que esta entraña para la civilización europea. (3) Definición del “otro”, como un 'competidor desleal' ante los servicios o beneficios sociales, y como responsable de los problemas socioeconómicos. (4) Desacreditación y denigración de los miembros del grupo social dominado mediante el cuestionamiento de los verdaderos motivos de sus movilizaciones, acusaciones de extremismo o fundamentalismo, etc. 


A este discurso es a lo que venimos asistiendo desde que se iniciara el desplazamiento de la población siria a la vieja Europa, y también por supuesto en el  caso de las personas retenidas en las vallas de Melilla y Ceuta. Los medios de comunicación y los representantes políticos han utilizado toda una serie de manipulaciones del lenguaje para definir a este grupo: primero escuchamos avalancha de inmigración ilegal, después crisis migratoria, después desplazados por conflicto y finalmente, tras las críticas de varios sectores sociales, han tenido que hablar de lo que realmente es, crisis de refugiados; es decir, drama humanitario provocado por la guerra en Siria y desplazados que buscan asilo y protección en otros países, derecho este reconocido en la legislación internacional que obliga a los estados firmantes a garantizarlo.

A día de hoy, y tras meses de ver cómo miles de personas mueren en su intento por buscar seguridad y sobrevivir, Europa sigue discutiendo qué va a hacer cada país, qué compromisos asume, a cuántos refugiados acogerá… Y mientras la columna de seres humanos deambulando sin destino, o los náufragos muertos en el Mediterráneo aparecen en nuestras casas a través de la televisión, ¿realmente nos interrogan  estas imágenes o hemos llegado a normalizarlas, o mejor dicho deshumanizarlas como tantas otras veces?

Esta manipulación del lenguaje y la normalización del drama van a determinar la visión que  la sociedad tiene del otro, ya que  no es lo mismo decir turista que extranjero, inmigrante, refugiado, ilegal,  in papeles o ciudadano. Detrás de cada término hay una persona, pero al nombrarlo de una forma u otra (categorización y diferenciación) se está justificando la idea de que unos son merecedores de derechos y otros no. ¿Nadie ha pensado que este tipo de medidas no es que fomenten el racismo y la xenofobia, sino que son por sí mismas parte de un discurso racista?

Sin embargo, el daño en la ciudadanía o excusa como queramos llamarlo, ya está hecho. Una parte importante de la población mantiene que no es posible acoger y garantizar los derechos a los extranjeros, o refugiados o lo que sea… antes que a los españoles. Cox (1948) lo expresó de la siguiente manera: El prejuicio racial es una actitud social propagada entre la gente por una clase explotadora, a fin de estigmatizar a algún grupo como inferior, de modo que  tanto la explotación del grupo como la de sus recursos puedan justificarse. Es evidente que existe un componente económico en las posiciones racistas. Al ser un sistema de dominación, este no cambiará sin que cambie la  relación de desigualdad entre los grupos, y, por tanto, hay que trabajar por un cambio político y económico que sustenta las desigualdades.

Antes de que la fotografía del pequeño Aylan ahogado en las costas griegas quede en el olvido, y a la espera de que se establezca el número total de refugiados que España se compromete a acoger sin más demora y excusas, desde la ciudadanía podemos y debemos apoyar a las organizaciones que trabajan a favor de los refugiados. Pero también, cada uno de nosotros y nosotras debemos contribuir a crear en nuestro entorno (nuestra familia, nuestro barrio, nuestro país… y por supuesto en nuestra escuela) una reflexión y un compromiso para que esta masacre y falta de protección no se repita. Para que nuestros hijos sean capaces de entender lo que no hemos sido capaces de entender nosotros: que la justicia  y los derechos humanos están por encima de la caridad y de la situación económica de los países; que los derechos no se pueden someter a criterios económicos; que son esta política y este modelo socioeconómico los responsables del dolor causado.

Artículo de Luz Martínez Ten en el periódico Escuela

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