Producción de desigualdades: la LOMCE comienza su andadura

Ahora que el curso 2014-2015 acaba de dar comienzo y con él la puesta en marcha de la LOMCE, ley de educación impuesta, sin diálogo ni consenso, que ha conocido como ninguna otra el rechazo generalizado de la comunidad educativa en todo el país, no está de más recuperar un artículo que José Antonio Pérez Tapias publicó el 30 de agosto de 2012 en el diario Granada Hoy. Pese a que han transcurrido dos años desde entonces, la realidad ha amplificado de manera sorprendente la vigencia de las reflexiones que en él aparecen. Queremos agradecer a su autor el permiso que nos ha otorgado para poder publicarlo en nuestro blog y recomendamos encarecidamente su lectura:

"Aun en medio del estiaje al ministro Wert le sobran charcos donde meterse. A falta de dioses habrá que pensar que algún genio maligno nos ha echado la maldición de que nos tocara un ministro de Educación de tal catadura. No entramos en pormenores de catadura moral; hablamos de catadura política. Sin embargo, nadie debe engañarse: el ministro de Educación que se dedica a pisar charcos, incluso habiéndose aplicado previamente a crearlos, no representa sólo un caso de histrionismo personal. Con éste va toda una puesta en escena de la política sobre educación del PP como fuerza política.

Estamos ante un programa derechista en cuanto a educación que, aprovechando las políticas de austeridad -dicen que contra la crisis-, pavimenta el camino hacia un impresionante futuro regresivo: aulas saturadas, profesorado sobrecargado, trayecto educativo jalonado de reválidas, selección precoz del alumnado según “talentos”, espacio garantizado para la (supuesta) formación religiosa (¡de la iglesia católica!) y presunta educación cívica al servicio de valores constitucionales que los mentores de un españolismo con pureza de sangre se encargarán de definir. A tan amplio catálogo se ha añadido la defensa de lo que llaman “educación diferenciada”, esto es, segregada por sexos: es decir, sexista y, por tanto, anti-igualitaria. Se pongan como se pongan el ministro y sus corifeos.


El tufo retrógrado de esta política educativa es innegable. Está impregnado de aire neoconservador y, para más señas, de los nada residuales restos de nacionalcatolicismo de los que, tras más de treinta años de democracia, no nos hemos librado -asumamos que en el pecado (de una laicidad no lograda) llevamos la penitencia-. Pero no nos confundamos; esas maniobras regresivas se enmarcan en una firme estrategia neoliberal: privatización de la enseñanza, potenciación de la red privada y reducción de la pública a papel subsidiario, criterios de competitividad según pautas del mercado y diferenciación del alumnado según intereses de las clases pudientes, las cuales, en tiempos de recursos escasos, han de asegurar la rentabilidad de su inversión en la capitalización humana de sus vástagos. La producción y reproducción de las desigualdades es el meollo de lo que el pedagogo Michael W. Apple describió como la “modernización conservadora” que el neoliberalismo implanta en el terreno educativo. Una excrecencia de la misma es la falaz interpretación que el ministro Wert hace de la libertad de educación en la Constitución y de lo que entiende como irrestricta libertad de elección de los padres en cuanto a la educación que quieren para sus hijos. Una educación clasista, entre otros atributos, es lo que está promoviendo el gobierno del PP en España. Todos, incluidos, claro está, sus votantes, deberían saberlo".

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